En sus bolsillos, en su cartera y entre los papeles de su puesto de trabajo, Beatriz buscaba desesperadamente su teléfono celular para ver los mensajes. Cuando recordaba que lo había olvidado en casa, casi sin percatarse, se irritaba con sus compañeros y se desconcentraba en sus labores. Su conducta era igual cada vez que lo dejaba. “Es como si faltara una parte de mí. Me siento incomunicada. No puedo estar sin mi celular”, solía decir desesperada esta joven de 24 años que en casa dedicaba la mayor parte del tiempo a revisar el smartphone, especialmente las redes sociales.