Entrevista a Verónica Saráuz, esposa de F. Villavicencio

Written by  Nov 28, 2016

Verónica Sarauz es la esposa de Fernando Villavicencio, el periodista y político que descubrió los casos de corrupción en Petroecuador y otras instituciones del Estado y hoy se encuentra en la clandestinididad, con orden de captura bajo la acusación de haber divulgado información reservada. El suyo es un caso de persecución política y abuso de poder por parte del Estado. Verónica y sus hijos viven esta experiencia como una pesadilla. Aquí su testimonio recogido horas antes de que el recurso de Habeas Corpus sea aceptado por la Corte Nacional de Justicia. La orden de prisión preventiva quedó sin efecto.

 

«Es una experiencia terrible la que estoy viviendo. Como madre, como esposa y como mujer. Como madre porque debo proteger a mis hijos y ellos se dan cuenta de que algo malo está pasando, y sufren. Como esposa porque soy solidaria de mi esposo y esto me obliga a estar separada de Fernando y tengo miedo de que le puedan hacer algo. Y como mujer, bueno, ninguna mujer debería pasar por esto, es una injusticia. Ya lo vivimos hace un año y ahora la pesadilla se repite.

 

»Me sorprende encontrarme con la valentía que nunca pensé tener. El lunes, cuando nos enteramos de la orden de prisión, a las seis y media más o menos, los agentes ya estaban abajo montando guardia. Después de todo lo que hemos pasado, una se queda con el tema de que te espían, te persiguen todo el tiempo, tienes una sicosis diaria. Así que bajé a ver quiénes eran esos del carro. Cuando vieron que me acercaba salieron disparados, cada quien por su lado. A uno le fue siguiendo hasta la avenida 10 de Agosto, cruzándome entre los carros igual que él hacía. A toda carrera, yo que tengo un estado físico fabuloso (sonríe), pero la adrenalina te impulsa a hacer estas cosas. El tipo se me escapó. Volví y había otro en el carro. Él vio que me acercaba. Lo que hacen es reclinar el asiento y tratar de esconderse, pero no se percató de que el carro estaba abierto. Le abrí la puerta, le tomé una foto y le pegué. Él salió corriendo, voló para la esquina. Estaba hablando todo el tiempo por teléfono. Yo fui donde estaba el guardia de mi edificio y le pedí destornillador. Él no tenía. Le pedí que le dijera a mi hija que que me bajara un destornillador. El guardia temblaba. Les reventé las dos llantas del carro. El tipo me espiaba desde la esquina. La alarma se prendió pero nadie se hacía cargo del carro. Para esto yo ya le llamé al abogado. Me descuidé cinco minutos y ellos corrieron hacia el carro y huyeron con sus llantas haciendo troc troc troc. Les hice tres huecos en cada llanta. Nunca había hecho un acto así delincuencial pero es mi única forma de defenderme de ellos.

 

»Fernando tenía la intención de entregarse pero nos llegó información de que la consigna es atentar contra su vida cuando esté en la cárcel. Mi primera reacción fue ponerme de rodillas y pedirle que no se entregara, porque en este país no hay garantías. Para él, al menos. En la cárcel puede pasar cualquier cosa. Así que tomó la decisión de no entregarse hasta que esto acabe.

 

»He logrado hablar con Fernando poco, poquísimo. Él dice que está bien pero yo sé que no está bien. Está preocupado por nosotros porque él es el sustento de la familia. Yo no tengo empleo desde que me sacaron de la Asamblea. En el sector privado me dicen que no quieren problemas con el gobierno, preferible después de que pase todo, me dicen, y en el sector público, ¡imposible! Entonces estamos en un stand by económico, estamos en shock emocional como familia, no sabemos cómo actuar… Mi suegra está desesperada, ella tiene setenta y pico años, no está bien.

 

»Ahora estamos vigilados todo el tiempo. El día martes o miércoles, no recuerdo, mis cuñados me mandaron videos de que ese rato los estaban intimidando. Los helicópteros volaron bajito encima de sus casas, en Carapungo. Y los drones se metieron en el patio, ubicando las casas. Me contaron que salieron a ver qué estaba pasando y a uno lo encontraron con el control del dron y le persiguieron. Ahí dejaron volando ese aparato, casi se les cae. Nos están vigilando a todos. En todas las casas de la familia están ejerciendo una presión sicológica a la que no tienen derecho, porque el Fernando no es ningún delincuente. Acá siempre vienen. Y para mala suerte nuestra allá abajo está la Dinased. Estaba yo vistiéndome y miré por la ventana y caí en cuenta de que desde la ventana de allá se ve directamente a nuestra ventana. Como ellos son especialistas en tener equipos de última tecnología para espiarnos a todos, asumo que están espiándonos desde ahí. Nos siguen a todos lados, en carro, a pie, en moto. Con las motos lo que hacen es ejercer presión sicológica, jugar con tus nervios.

 

»Ahora me siento seguida. Yo sé que están ahí. Contarlo es una cosa pero vivirlo es muy distinto. A mí me tiemblan las piernas, llego a la casa y no sé qué hacer. Hay un rato en que quiero salir corriendo, quiero salir gritando. Me siento mal. No sé qué hacer. Es desesperante. Y repetir esto es espantoso. La vez anterior, cuando Fernando estuvo en la clandestinidad, no me dejaron vivir en paz. Durante todo un año nos persiguieron a mí y a los niños. No podíamos hacer una vida normal, no podíamos ni siquiera ir al parque a jugar. Por atrás estaban ellos. Era terrible, yo tenía miedo de que les pasara algo a los niños.

 

»Era espantoso porque tenía miedo de que nos volvieran a allanar. Todas las noches me acostaba pensando a qué hora vuelven. Sólo quisieras ser un anónimo más que puede salir a comprar un helado sin que nadie te moleste, que puede ir al parque a jugar con tus niños como hace todo el mundo. Ese año viví de la venta de los libros, porque justo Fernando escribió el libro de Sarayacu cuando estaba en el exilio. Ese libro nos permitió vivir hasta que la librería Libri Mundi decidió que ya no vendían libros de temas políticos, libros que vayan contra el gobierno, entiendo yo, y nos cerraron esa puerta. Y esa librería era la más grande. Menos mal que Fernando pudo volver a la luz y retomó su actividad. No sé qué hubiera pasado con nosotros.

 

»Ese año que estuvimos separados fue muy duro. Yo tuve que cargar con la responsabilidad de los niños. Y ser el hombre de la casa, porque me tocaba darme de puñetes con los agentes. Yo andaba con la cartera llena de piedras y les caía a carterazos. Ellos tienen informes sobre eso, ellos hicieron informes de que yo les agredía. Y que sepan que lo voy a volver a hacer si me vuelven a molestar.

 

»Volvernos a encontrar como esposos también fue duro. Cierto que yo fui unas pocas veces a Sarayaku, pero era una experiencia horrible: llegar a Puyo, tomar una lancha para un recorrido de cinco horas, de esas lanchas angostitas… Yo iba aterrada, agarrada como los gatos cuando están mojadas. Y como ya estaban cercados había controles militares donde apuntaban los nombres de todos los que pasaban. Mi nombre lo apuntaban en rojo. Luego me filmaban hasta que me trepaba en la canoa. Era un acoso brutal de la Policía.

 

»Lo que no quiero es volver a sentir la soledad de la vez anterior. Fernando ha hecho todo esto como periodista, es uno de los poquísimos que investiga en este país porque ya investigación, en un periódico normal, no se encuentra. Él sólo ha asumido esa carga, que no necesita, que no es su obligación. Para eso están la asamblea, el contralor, el fiscal que se han callado tanto tiempo. A todos los que puedan y quieran oírme les digo que no quieran hacer como la vez anterior: cuando me veían se daban la vuelta, no se me acercaban ni siquiera a saludar. No les voy a permitir que vuelvan a hacer lo mismo. Los periodistas siempre estuvieron ahí, por los periodistas se sabe todo esto. Pero los asambleístas de oposición, que tienen la obligación, aparte de fiscalizar, de ayudar a quien está siendo perseguido y les está ayudando a hacer su trabajo, no lo hicieron. Yo, la vez anterior, envié información a algunos asambleístas de oposición y se quedaron callados, no hicieron absolutamente nada. Ahora la gente de CREO y de Compromiso Ecuador sí ha estado pendiente de nosotros. Me he reunido con ellos para tomas decisiones sobre la candidatura de Fernando.

 

»¿Los niños? Están asustados. Emiliano tiene ocho años, cuando nos allanaron él estaba por cumplir seis. Y lo único que dice es: mami, ¿van a venir otra vez los hombres de negro? Pero como ya es más grande ya tiene acceso a las redes, él mismo busca y me dice: mira mami, encontré esta foto de la casa cuando nos allanaron, mima mami este video. Yo le digo: no busques, no te hagas ese daño. Pero como es niño es curioso y quiere saber qué está pasando con su papá y con su mama. Están asustados. El pequeño todavía no está consciente de todo lo que pasa, pero siente ese movimiento que hay en la casa y pregunta dónde está el papá. Le he dicho que está de viaje para que no se ponga más triste de lo que ya está. A José Emiliano ya no le puedo decir eso. Es difícil explicar a un pequeño que su papá asumió una lucha contra un Estado que está lleno de corrupción. No le puedo decir con esas palabras pero trato de hacerle entender que su papá, lo que busca es que el dinero que nos pertenece a todos no se lo lleve una sola persona. Porque al final de cuentas la plata es de todos.

 

»Hoy son ocho días del inicio de nuestra nueva pesadilla y toda esta semana prácticamente no he estado en la casa con mis hijos. He tenido que llamar a mi mamá para que me ayude porque yo he estado, primero, en el tema de los abogados; luego, en el tema de la candidatura. Y lo peor son los rumores. Los rumores siempre son señal de que algo está pasando. Y como este gobierno es especialista en poner evidencia donde no existe, involucrar a gente honesta donde no ha pasado nada, no sería nada raro que nos pase a nosotros. No me sorprendería que en mi carro pusieran droga o armas. Yo tengo miedo de todas esas cosas. Ahora me he enterado de que el señor Calvopiña, que está detenido por la corrupción que Fernando descubrió, quiere ensuciarle con ese dinero que encontraron en su casa. No tengo la certeza absoluta, pero sé que quieren involucrar a Fernando diciendo que ese dinero era para él. Y eso es absolutamente falso.

 

»No se puede repetir lo de hace un año. Yo no voy a dejar que la voz de Fernando sea olvidada ni que le callen de ninguna forma. Yo no podría hablar lo mismo que él dice porque no estoy en su lugar, no tengo conocimiento de los temas que él conoce. Pero sí voy a hacer bulla en todo lado, voy a joder a todo el mundo. No voy a permitir que a Fernando le dejen solo como ya lo dejaron la vez anterior. Y era por el mismo tema: defender los intereses del Estado, que son los de todos.»

 

 

 

Last modified on Lunes, 28 Noviembre 2016 05:36

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